Arrivederci Roma

La última noche del antecesor de maridísimo cenamos en un restaurante cerca de Campo di Fiori y cuando ya nos levantábamos para irnos comenzó a sonar “Arrivederci Roma”. En ese momento supe que sería la última entrada de este blog, que por entonces apenas había comenzado a dar un par de pasos. Sin embargo la vida pasa, la gente cambia y hoy, recién aterrizada en Madrid, habiendo salido de una manera casi precipitada de la ciudad eterna, os dejo, antes del epílogo de mañana, con esta canción que me pone la pelle d’oca, perche Roma sarà già per sempre nel mio cuore e…mi mancherà tanto!

Que aproveche

Hoy hace exactamente cuatro años que comenzó esta aventura que está a punto de acabar, pues fue un tres de julio cuando nos confirmaron nuestro destino a Roma. Y los bambini han pasado esta jornada, que podría ser nuestra última tarde en Roma, jugando con los que fueron sus primeros amigos. Y yo la he pasado hablando con dos de las personas que más cerca han estado de mí durante estos cuatro años. Después, paseamos bajo la luna creciente de julio, una vez más los cuatro juntos, por el centro histórico de una ciudad cálida, tanto por ese calor pegajoso que ha vuelto para quedarse, como por la cantidad de turistas que aún a estas horas de la noche lo llenan todo. Hemos caminado desde Piazza Spagna, hemos tomado una pizza y un tiramisú en Il Chianti, hemos tirado la moneda en la Fontana di Trevi deseando muy fuerte volver a Roma (¡qué largas se nos han hecho estas vacaciones 😉 !), nos hemos acercado hasta el Pantheon y allí, de frente a él, sentados en las escaleras, nos hemos tomado un último helado romano antes de volver a esa casa que pronto dejará de ser nuestra. Me doy cuenta de que a maridísimo le cuesta despedirse de la ciudad, para mí en cambio los lugares no existen, son las personas las que los crean. Dejo mucho más aquí de lo que hubiese imaginado. Y es que los seres humanos, cuando están a punto de morir, sólo suelen dar un consejo, que hay que aprovechar la vida, pero a mí me da la sensación de que aunque mi vida está muy llena, y soy consciente, no me aprovecha, yo tengo que regurgitarla para disfrutarla. Objetivo 43.

 

Lo mejor de Roma

Lo mejor de Roma es la propia Roma, son sus lugares, los comunes, los que a todos nos enloquecen y los propios, los que cada uno frecuenta y que conforman nuestros recuerdos particulares y especiales. Lo mejor de Roma son sus monumentos únicos, sus calles empedradas, sus noches cálidas, sus lluvias intensas (que tanto se han echado de menos este último año), el olor a pizza y a café envolviéndolo todo. Lo mejor de Roma es que está en Italia, un país que lo mires por donde lo mires es strepitoso (en el sentido italiano, es decir, extraordinario, maravilloso, alucinante, asombroso, fantástico, pero también un poco en el sentido español, o sea, exagerado) y donde puedes encontrar todo lo que alguna vez soñaste. Por eso pasamos estos últimos ratos despidiéndonos de la Roma que todos conocéis…
Y también de esa otra que sólo es especial para nosotros…como la pista ciclista de Ponte Milvio o el lago Martignano.
Aunque lo mejor de Roma también es su comida: la pasta al dente, la salsa de tomate que hace de la parmigiana algo inolvidable, las pizzas de masa fina y pocos y escogidos ingredientes, el café intenso, el tiramisú cremoso, los gelati…¡¡ay, los helados!!
Lo mejor de Roma, como decía un amigo mucho antes de que yo supiese que iba a terminar viviendo aquí, es que detrás de cada esquina hay guardado un secreto, una sorpresa y un encuentro que podría cambiarte la vida.

 

 

Lo peor de Roma

Hoy hemos tenido una jornada difícil, de esas en las que estás contento aunque no paras de llorar. Hoy hemos celebrado la fiesta de despedida de los niños con sus (cincuenta 😛 ) mejores amigos del colegio y sus padres. Y estamos contentos porque tanto los bambini como nosotros hemos dejado aquí un grato recuerdo, por todas las cosas buenas que nos deja esta experiencia romana y porque volvemos a casa. Pero no paramos de llorar al pensar que pasamos página, que dejamos atrás personas y lugares, con lo que eso significa. Espero que podamos cumplir al menos una parte de todos los buenos propósitos que hoy hemos verbalizado. En todo caso, Roma ya forma parte de nosotros, con lo bueno y con lo malo…que es lo que hoy os dejo, para que el camino de vuelta se me haga más liviano 🙂
Lo peor de Roma es sin duda alguna el tráfico, que hace perder la paciencia al más pintado y el tiempo a todo el que se mueve por la ciudad. No es la única cosa mala, tiene otras, como el mal mantenimiento de las infraestructuras y, sobre todo, la suciedad, pero a decir verdad, eso es una cosa que a mí (visualmente) me afecta bastante menos (si ya hablásemos del olfato, que no es el caso, la cosa cambiaría). Los otros puntos negativos a los que nos hemos tenido que enfrentar a lo largo de estos cuatro años no tienen tanto que ver con Roma, pues creo que las hubiésemos sufrido en cualquier otro lugar (incluso a menudo te ocurren en tu propio país): la dificultad para comunicarse (que no siempre viene dada por el idioma), las burocracias absurdas (¿qué os voy a contar?), el desconocimiento de los protocolos más habituales (infernal lo de ir al médico), las interpretaciones libres de la ley (ejem, ejem)…

 

 

Roma a bajo coste

Lo bueno de Roma es que no se necesita mucho dinero para disfrutarla. Por ejemplo, para llegar a Roma desde cualquier otra ciudad europea, hay varias compañías de bajo coste que vuelan a Ciampino por una cantidad que, en el caso de España, suele fluctuar entre los 60 y los 120 euros (ida y vuelta y siempre que seas un poco previsor y saques los billetes con tiempo y sin viajar en viernes o en domingo).
Una vez en Roma debo avisar de que los alojamientos son bastante caros, bueno, el bastante es un eufemismo, en realidad son muy caros, pero puede encontrarse una habitación o un apartamento a un precio más razonable en alguna de las páginas que todos conocemos o intentar alojarse (por unos 35/40 euros persona y día, desayuno incluido) en uno de los monasterios o conventos súper céntricos que alojan a turistas, aunque lo mejor, siempre, es tener un amigo que te acoja gratis en su hogar 😉
Para comer te puedes decantar por la street food de calidad, como las fantásticas pizzas al taglio (al corte), los panini (bocadillos deliciosos que te harán en cualquier salumeria) o los platos de pasta sencillos, que no te costarán más de 5 euros y que puedes tomar en forma de picnic en uno de los maravillosos parques romanos. El aperitivo (de 18.00 a 21.00 generalmente) es otra ocasión para comer barato (los hay desde unos siete u ocho euros) que consiste en pagar la bebida y disfrutar del buffet de ensaladas, verduras y, en el mejor de los casos, también pasta, pizza y algo de carne. Para beber, las fuentes abundan en cada esquina llena de agua fresquita y gratuita con la que hidratarse.
Y para visitar la ciudad, Roma es en sí misma un espectáculo, sólo tenéis que ver esta puesta de sol a través del cristal del coche. Pasear por sus calles es una experiencia genial. Pero si lo que queréis es chicha, arte puro, podéis hacer un recorrido por las iglesias romanas, las cuatro basílicas mayores, las basílicas menores, todas son gratuitas, como también lo son el increíble Panteón o la Fontana de Trevi, por no hablar de las plazas, como Piazza Spagna, Piazza Navona o Campo di Fiori, o los encantadores miradores desde los que puede apreciarse toda la ciudad, (como el del parque de los naranjos en el Aventino, el del Gianicolo o el del Zodiaco) y los puentes romanos sobre el Tiber (incluido el de Sixto o el del Santo Ángel). Sin olvidarnos de que también sin abonar ni un euro pueden verse esculturas básicas de la historia del arte como el Moisés de Miguel Ángel, el éxtasis de Santa Teresa de Bernini o la Piedad, también de Miguel Ángel. Pero hay varios museos gratuitos, como el de Pietro Canonica, en Villa Borghese, que tiene excedentes de los Museos Capitolinos o el Museo Napoleónico, cerca de Piazza Navona. Aprovecho también para comentaros que el primer domingo de mes los museos estatales son gratuitos, así que se pude entrar al Coliseo, los Foros, la Galleria Borghese, el Castillo del Santo Ángel, la Galleria Spada o el Palazzo Massimo entre otros. Y el último domingo de mes (última entrada a las 12.30) hay que aprovechar para ver los Museos Vaticanos con la apabullante Capilla Sixtina. 

Santa Maria Sopra Minerva

Ayer cerrada por derribo y hoy…tres cuartos de lo mismo. Aunque no os creais que estoy tirada a la bartola esperando que llegue el día final. Nooo. Intento conseguir presupuestos de mudanzas (que parece fácil, pero te piden hasta la talla de los zapatos que vas a empaquetar), que me cierren la fecha del viaje, organizar las actividades de los bambini allá en Madrid y aprovechar para tirar cosas antes del traslado. Así que mientras el agotamiento me mece lentamente en los brazos de Morfeo, os dejo con la iglesia de Santa María Sopra Minerva, la que está delante del elefante de Bernini, muy cerca del Panteón, y que visité ayer con los catalanes. La iglesia tiene un techo estrellado, la tumba de Fra Angelico, que hizo cuadros preciosos allá por el S.XV, tiene también una estatua menor de Miguel Ángel (un Cristo censurado) y algunas tumbas de Papas. Ya estamos solos. Dos semanas.

 

Da Romolo alla Mole Adriana

Ya se ha ido la cugina, ha sido tan tan breve que pese al cansancio supremo me he quedado con ganas de más. Dicen que esas visitas son las buenas, pero la verdad es que yo hasta ahora no he tenido ninguna mala. Los bambini han vuelto de pasar el fin de semana montando en barco con unos amigos en Porto Ercole y maridísimo vuela ya hacia Roma después de un fin de semana nostálgico en Madrid. A nuestros otros dos invitados de esta semana, los catalanes, no les veo desde la hora del desayuno, pues están disfrutando a tope de la ciudad y sufriendo (supongo) los calores de esta (aún) primavera loca. Hoy el paseo ha sido mucho más liviano y menos ecológico, pues en vez de darle tanto a la pata, hemos utilizado el coche para movernos de uno a otro destino. Aún así hemos tomado un capuccino en Sant’Eustachio, hemos intentado (otra vez sin éxito, esta vez por la misa dominical) entrar en el Panteón, hemos ido hasta Testaccio para ver el cementerio acatólico, la pirámide y algunos murales de street art, y luego hemos volado hasta el Aventino, para hacer cola en la Plaza de los Caballeros de Malta y ver el secreto, hemos visitado un par de iglesias (San Alessio y Santa Sabina), disfrutado de las maravillosas vistas del jardín de los naranjos y hemos terminado en la Plaza de San Pedro y después comiendo en un restaurante cercano antes de ir al aeropuerto. Intuir Roma en un día y medio es posible, pues el viernes por la noche estuvimos cenando en el río antes de dar un paseo por el Trastévere. Os dejo además algunos de los platos que hemos comido en Da Romolo alla Mole Adriana, un restaurante agradable y económico cerca de Borgo Pio y anexo a las antiguas murallas de la ciudad.

La ruta

¡¡Menuda paliza me ha pegado mia cugina hoy…destruidita me encontráis!!. Y es que salimos (con los 36 graditos de ná y una humedad in crescendo) a hacer “una ruta” por Roma y terminamos recorriendo Villa Borghese, Piazza Spagna, Via del Corso, Galleria Alberto Sordi, Fontana di Trevi, Templo de Adriano, Panteon (donde no nos han dejado entrar por ir muy “escotadas”), Il Baffeto, Campo di Fiori, Barrio Judío, Teatro Marcello, Bocca della Verità (en la iglesia de Santa María in Cosmedín al menos nos han dado unos plásticos para cubrinos), Circo Massimo, Coliseo (ahí el sol era directamente fuego), Barrio de Monti, San Pietro in Vincoli, Coliseo otra vez, El Vittoriano, la plaza del Campidoglio, Basílica de San Marco, el Gesù, Largo Argentina, Piazza Navona, Ponte Sant’Angelo, Castello Sant’Angello, Il Fico, Ara Pacis, Via Ripetta, Piazza Popolo (abarrotada por los corredores de la media maratón nocturna) y vuelta a Villa Borghese…¡¡madre mía con la ruta!!

 

Quirinale

El palacio de Quirinale está sobre la colina del mismo nombre. Es curioso porque no sé por qué siempre había pensado que era gigantesco, y lo es, sin embargo sus 110.000 m2 (casi ná…mi casa romana debe tener unos 110 y ya me parece más que decente) sólo lo colocan el sexto entre los más grandes palacios, de hecho, curiosamente, el Palacio Real de Madrid es el quinto, pues tiene 135.000 m2. En todo caso, si el palacio es tan grande es porque, aunque tiene una línea bastante homogénea, en realidad se construyó en varias fases. Se comenzó a finales del S.XVI como residencia de verano del Papa y ejerció como tal hasta la unificación italiana en 1870, momento en que el palacio pasa a ser la residencia real hasta 1946, el año en que se votó la república en Italia. Sin embargo los primeros presidentes no habitaron aquí, fue el tercero el que ya decidió convertirlo en su residencia habitual y desde entonces siempre ha sido el despacho presidencial, aunque no todos han vivido allí.
Por lo demás el palacio tiene una importante colección de arte, además de unos hermosos jardines y es un lugar que deslumbra por su amplitud y su decoración, además de por ser testigo de la historia romana más reciente, pues además de elementos artísticos, hay documentos de gran valor. Es curiosa también la torre, con dos campanas y un reloj (llamado a la romana) que sólo marca 6 horas. La visita hay que reservarla con antelación y las medidas de seguridad son bastante elevadas (no en vano, no se trata de un museo, sino de la residencia del presidente), pero merece la pena.