Museo Nacional Romano 2: Palazzo Altemps

Ya os dije el otro día que el Museo Nacional Romano tiene varias sedes. La más intersante es la del Palazzo Massimo y la siguiente en interés es la que os traigo hoy, el Palazzo Altemps, que a mí me soprendió bastante (quizá porque no esperaba nada), primero porque es un precioso palacio del S.XV, decorado con gran cantidad de frescos muy coloridos y que acoge una importante colección de esculturas. Las esculturas pertenecen principalmente a dos colecciones de sendos cardenales, la Altemps – que está dividida, pues gran parte de la colección está expuesta en otros museos como el Louvre – y la Ludovisi, que se extiende por la mayor parte del museo y comprende más de cien obras espectaculares, como el Ares o el sarcófago de Ludovisi el grande. Dentro del palacio, además hay una gran colección de arte egipcio y una pequeña iglesia, la de San Aniceto, que guarda las reliquias del Papa del mismo nombre que vivió en el S.II y cuyos restos originariamente estaban en las catacumbas de San Calixto. También, mientras bajaba las escaleras, vi dos mármoles conmemorativos que estaban contiguos y que me llamaron la atención. Os dejo la foto, yo no presté suficiente atención en las clases de latín, pero en una se refieren al rey español Alfonso XIII (que, como sabéis, se exilió en esta ciudad en 1931) y a Franco (al que llama Supremum Hispaniae Moderatorem en 1949). Si alguien me resuelve la duda de lo que pone…

Palazzo Venezia

El Palazzo Venezia que os traigo hoy es otro de los que vi aprovechando la tarjeta gratuita que le dieron a maridísimo por correr la maratón. El Palacio está en la plaza del mismo nombre, junto al gran edificio blanco que homenajea a Vittorio Emanuele II y fue mandado construir en 1455 por el cardenal veneciano Pietro Barbo, después de que a éste le nombraran titutar de la Basílica de San Marco (situada justo detrás). Pero la carrera del Barbo no había hecho más que despegar y once años después fue elegido pontífice con el nombre de Paolo II y…¿qué hizo? Pues remodelar el palacio ¡claro!. Estas cosas son así, aún hoy en día. Pero hay que reconocerle una de las obras que más nos benefician a los romanos (y no romanos) de hoy en día, que no es otra que el agradabilísimo jardín porticado que une la Plaza de San Marco con la Plaza Venecia. El palacio fue propiedad pontificia hasta 1564 cuando Pio IV Medici lo cedió a la República de Venezia que estableció allí su embajada, de ahí que a partir de aquel momento fuese conocido como Palazzo Venezia. Después, ya en el S.XVIII el edificio pasó a pertenecer a Austria que también estableció allí su sede diplomática. En 1916, durante la Primera Guerra Mundial Italia le ganó varios territorios a Austria y también este edificio que volvió a pasar al gobierno italiano que tuvo por primera vez la idea de hacer una gran Galería de Arte. Además, en 1922, Benito Mussolini eligió el Palacio como sede del gobierno fascista, utilizando como despacho la Sala del Mappamondo, donde está el célebre balcón del S.XVIII desde el que en un  momento dado comunicó la entrada de Italia en la Segunda Guerra Mundial. El Museo ha ido creciendo a lo largo de los años y además de muchos cuadros y esculturas (os dejo, como ya hice cuando os traje el Palazzo Corsini, dos Vírgenes Lactantes) tiene también una gran colección de cerámica y porcelana de diferentes orígenes. La mayoría de las salas están menos decoradas que aquellas otras del Palazzo Corsini, probablemente por el uso tan diferente al que han sido destinados ambos palacios, pero los dos merecen la visita por lo menos para un romano de pro; para los que sólo estéis de paso, os recomiendo mejor que aprovechéis para descansar y tomar una pizza al taglio en su fantástico jardín.

Palazzo Corsini

Barberini

Ayer os abandoné por los Goya y hoy tampoco me voy a enrollar mucho, porque por la mañana estuvimos montando en bicicleta y por la tarde, como es primer domingo de mes y la entrada a la mayoría de los museos romanos es gratuita, he ido con los bambini a una visita guiada por el Museo Barberini del que ya os hablé, no hace tanto. La visita la hemos hecho con la asociación cultural Kairós, cuesta seis euros por persona, la guía, Paola es fantástica y el mayor placer ha sido ver a los bambini (han ido con una amiga) contando las abejas del palacio (es el símbolo de la familia – más de 160 han contado) y seguir con la boca abierta escuchando la historia de la Fornarina de Rafael o de Beatrice Cenci (de la que también os hablé alguna vez) y volando en el tiempo con la leyenda del rapto de las Sabinas, con la de Hércules o con la del rey David. Nos lo hemos pasado muy bien. Repetiremos más pronto que tarde.

 

 

Casino dell’Aurora Pallavicini Rospigliosi

Sólo el primer día de cada mes – exceptuando enero – abren al público el Casino dell’Aurora Pallavicini Rospigliosi. Eso lo leí en un libro sobre lugares secretos de Roma y hoy aprovechando que es día 1 y que si me apuras será el único día 1 que tendré disponible hasta julio, me he ido hasta este palacio cercano al Quirinale, sin saber muy bien lo que me iba a encontrar. Cuando he llegado había bastante gente esperando, pues la entrada es gratuita y limitada solo a cuatro horas – de 10 a 12 y de 15 a 17. Desgraciadamente no dejan hacer fotos. Peccato!. El palacio no es visitable, sólo puede visitarse el edificio del Casino que fue mandado construir por el Cardenal Scipione Borghese a principios del S.XVII y que hoy en día se utiliza (el resto de días del mes) como centro de exposiciones, conferencias, fiestas privadas, etc. Cuando entras en el edificio te encuentras unas escaleras que aún no sabes que te llevarán a un espectacular jardín de 1800 m2 lleno de esculturas antiguas, donde está el Casino, del que sólo puede visitarse la sala central. Del Casino lo que en principio llama más la atención es la rica decoración de la fachada, adornada con restos de sarcófagos romanos del S.II y  S.III que narran historias mitológicas relacionadas con el amor y la muerte. También en la fachada hay un cristal que da cohesión a los jardines, la fachada  y la sala principal del edificio (la única visitable), un salón de unos 100 m2 donde destacan varios frescos, sobre todo el que está en el techo (hay un espejo que facilita contemplarlo con detalle) que se llama “La Aurora” (de ahí el nombre del edificio). Pero no es el único, pues también se pueden ver “El triunfo de la fama”, “El triunfo del amor” y cuatro cuadros que representan las cuatro estaciones. Todos los frescos, pero especialmente el del techo son muy llamativos por su colorido y su temática. Pero poco más. Que vamos que supongo que los super expertos pueden pasar allí la mañana y les faltará tiempo para apreciarlo, pero aquí servidora que si es experta en algo es en moñadas y en perder el tiempo, he visto todo lo que nos dejaban visitar en poco más de un cuarto de hora, pero en todo caso doy por bien aprovechado el tiempo invertido y por saciada la curiosidad. Os dejo las tres fotos que he podido sacar y una imagen de “La Aurora” sacada de la página web del Casino. Espero que os guste.
 

 

Museo Pietro Canonica

Caminando por Villa Borghese, muy cerca de la Piazza di Siena, te encuentras una estatua de un burro y un soldado, y justo detrás hay una pequeña fortaleza de color rosado. Ese edificio que en tiempos fue un edificio administrativo, fue donado en 1926 – y hasta su muerte en 1959 – a este escultor, pintor y músico italiano, y allí vivió y tuvo su estudio de arte. Hoy en día en la segunda planta puede visitarse su apartamento privado. Y en la planta baja, además de su estudio de arte, también se puede visitar una exposición de algunas de sus obras más representativas, tanto bustos de personajes famososos, como el de la Reina Victoria – no en vano, se codeó con lo más granado de su sociedad – como grandes obras que iban destinadas a otros países como Turquía, Irak, Rusia, Argentina, Egipto, etc- como el monumento a los caídos de la primera guerra mundial, una estatua del zar Nicolás II, la estatua de Simón Bolivar, el monumento funerario del presidente argentino Figueroa Alcorta…Además el museo esconde un secreto y es que en su sótano tiene un depósito con ochenta obras de la colección clásica de la Galería Borghese. Y todo esto, completamente gratis.

 

La casa de Keats y Shelley

En el instituto tuve la mala idea de estudiar ciencias puras; y la guerra sin cuartel con la física solo terminó en mi segundo año de universidad, cuando tuve que admitir mi derrota. Entonces cambié totalmente de tercio y empecé a estudiar comunicación y llegué, aunque con años de retraso, a la historia, al arte y a la literatura. Gracias a una de esas profesoras que aman verdaderamente lo que hacen vi la película “Remando al viento” (Gonzalo Suárez 1987) y me encontré por primera vez con los románticos ingleses, como Byron, Peter y Marie Shelley o John Keats. Los románticos tenían en común su rebeldía contra una sociedad tan rígida como la inglesa y defendían ante todo la libertad. Por ejemplo Shelley (y estamos hablando del principios del S.XIX) defendía el ateismo, el amor libre, los derechos de las mujeres y el vegetarianismo, entre otras cosas. Así no es extraño que terminase auto-exiliándose en Italia, un país que para los románticos representaba un ideal exótico. De hecho todos los que he mencionado antes, pasaron antes o después por Roma y de todos ellos se guardan manuscritos y pequeños objetos personales en el Museo que he visitado hoy cerca de Piazza Spagna, sobre todo de Keats que vivió aquí durante más o menos un año y donde murió en 1821 a los 25 años. La casa se conserva abierta al público desde 1909 (aunque durante la Segunda Guerra Mundial estuvo cerrada) y actualmente su fachada está en obras. Por dentro es muy pequeñita, apenas un salón y tres o cuatro habitaciones llenas de libros y, como ya os he dicho, cartas, documentos, imágenes e, incluso, mechones de pelo del joven Keats. La entrada cuesta cinco euros, la visita no dura mucho, la guía en italiano e inglés es muy simpática y, bueno, se pasa el rato entre libros, que siempre es de agradecer. Pero es una visita sólo para iniciados, es decir para muy interesados por los románticos ingleses, porque tampoco aporta mucho más.