Comenzando un círculo

Igual que existen otros mundos, pero están en éste, creo que existen otras vidas, pero también están en ésta.
Hace 15 años y 8 días comencé una de esas vidas, mi vida sueca, con los mismos sentimientos de hoy, básicamente ilusión y miedo. Esa existencia se llenó gracias a la familj, un grupo de personas que le dio sentido a mi vida allí. Muchos de ellos permanecen aún en mi vida, pero otros, por diferentes circunstancias, desaparecieron. Sin embargo, un día antes de comenzar mi nueva vida italiana, han reaparecido todos, de alguna manera y por sorpresa, como en un punto de giro, no sin ciertos tintes románticos, que me recuerda que no hay que dejar escapar nada de lo que a uno le importa.
Y mientras hago maletas y trato de controlar la ansiedad, repaso mentalmente todo eso que a una (o sea a mi) le importa, es decir lo que dejo me espera en Madrid
Mi amiga, con la que podría pasarme horas, con la que de hecho me paso horas, diseccionando nuestras vidas, nuestros sentimientos, miedos, traumas y a esos hombres que nos vuelven locas. Ella, con la que tanto he reído y llorado desde hace ya más de 25 años. Una de las personas más interesantes e inteligentes que he conocido. Ella que cuando se aleja, hace que me sienta como una funámbula, caminando por la cuerda floja de la vida y sin red que me sujete.
Mis sanabresas, las más traviesas, porque aunque todas sabemos que “lo que pasa en Sanabria, se queda en Sanabria”, lo que pasó en Nunca Jamás traspasó esas lindes e hizo que, desde entonces, dejásemos al margen todo lo que nos distanciaba y empezásemos a mirarnos con una sonrisa…y además…De Páramo Pa-Roma…¡¡Sois la caña, chicas!!. Y en este grupo, (volasen o no hasta la tierra de Campanilla o, en este caso, del Capitán Garfio), incluyo a todas las que me han acompañado en los desayunos, que han asistido a mis muchas alegrías y muchas penas en estos más de ocho años, que me han hecho sentir imprescindible en momentos de desmotivación laboral, con las que me he reído tanto, que me han sacado a patinar, que han dejado que las ayudase a organizar sus viajes, que han escuchado mis idas de olla y han hecho sus apreciaciones, junto a las que preparé más de una sorpresa,  a las que enseñé inglés, las que me dieron consejos, con las que compartí algún sueño, con las que me tomé tal vez demasiadas (pocas) cañas a horas y deshoras. Habéis sido compañeras de trabajo y, además, amigas, pese a que las circunstancias del entorno no han sido precisamente muy favorables para esa amistad.
Los de la terraza de enfrente, mi vecino el seta, con el que comparto al “tío más bueno de la urbanización”, y que se caracteriza por un exhibicionismo que me ha dado muchas alegrías visuales en el balcón. Y mi compañera de colada, de conversación, “mojitera” real de Guadarrama, que tan pronto me pasa unas patatas con salmón, como un limoncelo,  y que es eficaz como ella sola. De esa gente que a uno siempre le gusta tener cerca.
El Independent Group, mis vecinitas, las más bonitas, que con sus cotilleos, me ponen al día de nuestra actualidad social más cercana y me hacen reír tanto. Poneos las gafas y leed mis labios…¡¡mojito power, gu-a-pas!!
Ana, Eva, Adrián, Salma, Marco, Sergio, Miriam, Iria…que son “mis niños” casi tanto como esos otros dos menudos que se crían en mi casa.
Los padres del Lycée Molière, las psicólogas de risa contagiosa, los instigadores de carreras nocturnas barefoot, las mejicanas que enseñan el método hipopresivo, las argelino-finlandesas de sonrisa perenne, los franceses y sus costumbres francesas, las charlas durante el tiempo de espera en el parque, las fiestas infantiles, las cenas que empezaban a ser…y que seguirán siendo.
Mis compañeros de francés a los que casi me pierdo por mi “asociabilidad”, pero a los que afortunadamente descubrí a tiempo. A estas alturas, sé que probablemente es un espejismo, pero voy a intentar que perdure, porque…qué bien me lo habéis hecho pasar y que alegría haberos conocido, aunque sólo sea un poco. ¡¡Sois fantásticos!!
Los domingos de comida con la familia política (mis suegros, mis cuñados y mis sobrinas). El hartazgo de comer, los bailes de Tadeo Jones, las discusiones sociopolíticoreligiosodeportivoeconómicas, los juegos de mesa, los cines y la risa maravillosa de los más pequeños cuando están juntos.
Mis dos tocayas, con las que siempre es un placer compartir un momento, una charla, una tarde de piscina, una comida (¡¡y qué comidas!!)…
Mis padres, a los que,  por supuesto, adoro y que no me esperan en Madrid, porque van conmigo a donde quiera que yo voy.
mis muchos amigos y familia de fuera – a los que no voy a enumerar porque ellos ya saben quiénes son, puesto que no han sido pocas las veces que les he dicho cuánto les quiero y lo importantes que son para mí – desde luego pueden seguir contando conmigo como siempre y sé que seguiremos compartiendo momentos únicos e inolvidables. (A algunos amigos de Madrid, les incluyo en esta lista, porque creo que les veré más por Roma).
Gracias a todos por contribuir a que, por muy buena que sea la aventura que hoy inicio, (que eso espero), vaya a echar muuuuucho de menos mi vida en Madrid.
PD: Si me he olvidado de alguien, que me perdone, y que se de igualmente por aludido.
PD2: ¡¡¡Ay, qué ñoña me estoy volviendo con la edad!!!