Santa Maria Sopra Minerva

Ayer cerrada por derribo y hoy…tres cuartos de lo mismo. Aunque no os creais que estoy tirada a la bartola esperando que llegue el día final. Nooo. Intento conseguir presupuestos de mudanzas (que parece fácil, pero te piden hasta la talla de los zapatos que vas a empaquetar), que me cierren la fecha del viaje, organizar las actividades de los bambini allá en Madrid y aprovechar para tirar cosas antes del traslado. Así que mientras el agotamiento me mece lentamente en los brazos de Morfeo, os dejo con la iglesia de Santa María Sopra Minerva, la que está delante del elefante de Bernini, muy cerca del Panteón, y que visité ayer con los catalanes. La iglesia tiene un techo estrellado, la tumba de Fra Angelico, que hizo cuadros preciosos allá por el S.XV, tiene también una estatua menor de Miguel Ángel (un Cristo censurado) y algunas tumbas de Papas. Ya estamos solos. Dos semanas.

 

Da Romolo alla Mole Adriana

Ya se ha ido la cugina, ha sido tan tan breve que pese al cansancio supremo me he quedado con ganas de más. Dicen que esas visitas son las buenas, pero la verdad es que yo hasta ahora no he tenido ninguna mala. Los bambini han vuelto de pasar el fin de semana montando en barco con unos amigos en Porto Ercole y maridísimo vuela ya hacia Roma después de un fin de semana nostálgico en Madrid. A nuestros otros dos invitados de esta semana, los catalanes, no les veo desde la hora del desayuno, pues están disfrutando a tope de la ciudad y sufriendo (supongo) los calores de esta (aún) primavera loca. Hoy el paseo ha sido mucho más liviano y menos ecológico, pues en vez de darle tanto a la pata, hemos utilizado el coche para movernos de uno a otro destino. Aún así hemos tomado un capuccino en Sant’Eustachio, hemos intentado (otra vez sin éxito, esta vez por la misa dominical) entrar en el Panteón, hemos ido hasta Testaccio para ver el cementerio acatólico, la pirámide y algunos murales de street art, y luego hemos volado hasta el Aventino, para hacer cola en la Plaza de los Caballeros de Malta y ver el secreto, hemos visitado un par de iglesias (San Alessio y Santa Sabina), disfrutado de las maravillosas vistas del jardín de los naranjos y hemos terminado en la Plaza de San Pedro y después comiendo en un restaurante cercano antes de ir al aeropuerto. Intuir Roma en un día y medio es posible, pues el viernes por la noche estuvimos cenando en el río antes de dar un paseo por el Trastévere. Os dejo además algunos de los platos que hemos comido en Da Romolo alla Mole Adriana, un restaurante agradable y económico cerca de Borgo Pio y anexo a las antiguas murallas de la ciudad.

La ruta

¡¡Menuda paliza me ha pegado mia cugina hoy…destruidita me encontráis!!. Y es que salimos (con los 36 graditos de ná y una humedad in crescendo) a hacer «una ruta» por Roma y terminamos recorriendo Villa Borghese, Piazza Spagna, Via del Corso, Galleria Alberto Sordi, Fontana di Trevi, Templo de Adriano, Panteon (donde no nos han dejado entrar por ir muy «escotadas»), Il Baffeto, Campo di Fiori, Barrio Judío, Teatro Marcello, Bocca della Verità (en la iglesia de Santa María in Cosmedín al menos nos han dado unos plásticos para cubrinos), Circo Massimo, Coliseo (ahí el sol era directamente fuego), Barrio de Monti, San Pietro in Vincoli, Coliseo otra vez, El Vittoriano, la plaza del Campidoglio, Basílica de San Marco, el Gesù, Largo Argentina, Piazza Navona, Ponte Sant’Angelo, Castello Sant’Angello, Il Fico, Ara Pacis, Via Ripetta, Piazza Popolo (abarrotada por los corredores de la media maratón nocturna) y vuelta a Villa Borghese…¡¡madre mía con la ruta!!

 

Ángeles y Demonios

Ayer dos de nuestros invitados de esta semana me preguntaban por las iglesias donde ocurrían los asesinatos de «Ángeles y demonios». Debo decir que ni me había leído el libro, ni había visto la película, pese a estar en mi lista de «películas protagonizadas por Roma». Así que esta tarde he hecho mis deberes y, aprovechando que estaba sola, la he visto, un poco por encima, porque en realidad el género no me interesa mucho. La historia en sí es bastante inverosímil, por no hablar de esa Roma medio vacía en plena elección del nuevo Papa y de la imagen de ineptos que dan a la policía italiana, pero al César lo que es del César, las imágenes de Roma son verdaderamente espectaculares. Por cierto, las iglesias son Santa María del Popolo (en la plaza del mismo nombre), San Pedro, Santa María della Vittoria (cerca de Largo Santa Susanna), la Fuente de los Cuatro Ríos (en Piazza Navona) y el Castello di Sant’Angelo.

Quirinale

El palacio de Quirinale está sobre la colina del mismo nombre. Es curioso porque no sé por qué siempre había pensado que era gigantesco, y lo es, sin embargo sus 110.000 m2 (casi ná…mi casa romana debe tener unos 110 y ya me parece más que decente) sólo lo colocan el sexto entre los más grandes palacios, de hecho, curiosamente, el Palacio Real de Madrid es el quinto, pues tiene 135.000 m2. En todo caso, si el palacio es tan grande es porque, aunque tiene una línea bastante homogénea, en realidad se construyó en varias fases. Se comenzó a finales del S.XVI como residencia de verano del Papa y ejerció como tal hasta la unificación italiana en 1870, momento en que el palacio pasa a ser la residencia real hasta 1946, el año en que se votó la república en Italia. Sin embargo los primeros presidentes no habitaron aquí, fue el tercero el que ya decidió convertirlo en su residencia habitual y desde entonces siempre ha sido el despacho presidencial, aunque no todos han vivido allí.
Por lo demás el palacio tiene una importante colección de arte, además de unos hermosos jardines y es un lugar que deslumbra por su amplitud y su decoración, además de por ser testigo de la historia romana más reciente, pues además de elementos artísticos, hay documentos de gran valor. Es curiosa también la torre, con dos campanas y un reloj (llamado a la romana) que sólo marca 6 horas. La visita hay que reservarla con antelación y las medidas de seguridad son bastante elevadas (no en vano, no se trata de un museo, sino de la residencia del presidente), pero merece la pena.

 

 

Rutinas romanas

De esto que pasas por Piazza Popolo y te encuentras a Claudia Cardinale tomando un café (la foto es del periódico El Mundo porque me parecía un poco violento pedirle una foto, pero estaba igualita que aquí, con cigarrito y todo).
De esto que sales de casa con destino tu propia casa, pasando por el aeropuerto (25 kilómetros ida, 25 kilómetros vuelta) y te lleva dos horas y media y más de medio kilo de peso (¡comprobado con la báscula, y es que lo de Roma es peor que una carrera de Fórmula 1!).
De esto que piensas que igual ya estás preparada para montar un bed and breakfast 😉 …¡y tan agustito!

claudia cardinale

Cenar en Ponte Milvio

Cerca de Ponte Milvio hay muchos restaurantes, es una zona de moda, llena de gente guapa y buenos sitios para comer o tomar algo. El sábado fuimos a cenar allí y he estado postponiendo esta entrada esperando encontrar el nombre del restaurante donde estuvimos, una bonita terraza que los días de diario sirve el típico buffet por unos 12 euros y por la noche se llena de luces doradas para servir lo mejor de su carta. Pero no ha habido suerte. Tendré que claudicar y comprarme un móvil nuevo, porque evidentemente la memoria de mi cabeza ya anda llena…¡¡ay!!. En todo caso este sitio, del que intentaré averiguar el nombre lo antes posible, es bastante recomendable, no tanto por los precios, como por la calidad, buen ambiente y terraza (en la que hay que reservar al menos un par de días antes para asegurarte el sitio). Os dejo algunas de las cosas que comimos – básicamente carnaza (esta gente es incorregible) excepto por los tartares de pescado… ¡ñam!.

 

San Pietro in Montorio

La iglesia de San Pietro in Montorio está en el Gianicolo, la colina que en la Edad Media se conocía como Mons Aureus (monte dorado) debido al color ocre de su tierra, de ahí el actual nombre de Montorio. Se construyó en el S.XV por orden de la reina Isabel la Católica en honor al nacimiento de su hijo Juan, muy cerca de donde supuestamente fue crucificado San Pedro. De la iglesia destacan sobre todo dos capillas, la primera a la derecha donde hay una impactante «Flagelación» de Sebastiano del Piombo sobre dibujo original de Miguel Ángel. La otra capilla destacada es la segunda de la izquierda, donde hay obras de Bernini y sus discípulos.
Al lado de la iglesia, en lo que fue un monasterio franciscano, está la Academia de España que se fundó, a instancias de Emilio Castelar, en 1873, para fomentar el estudio de las bellas artes y donde aún hoy en día se forman grandes artistas españoles (e iberoamericanos) que viven temporalmente aquí pensionados por el estado. Hoy tuvimos suerte y la sede estaba abierta. Desde los jardines de la Academia se ven unas vistas alucinantes de la ciudad (no me dejaron bajar a los jardines, pero pude hacer la foto a través de la cristalera de la entrada) y de allí se pasa al claustro renacentista del antiguo monasterio, que conduce a su vez al Templete, que fue construido por Bramante en los primeros años del S.XVI. Allí puedes ver a muchos jóvenes (y no tan jóvenes) artistas dibujando y analizando la obra del de Urbino. Es un lugar que tiene algo especial. Siempre recomendable, en todo caso, el Gianicolo, con sus cuestas, con el homenaje a Garibaldi (en forma de tumba o de gran estatua ecuestre), con las vistas de casi toda Roma y con la fuente del Acqua Paola (donde dicen que cuando más aprieta el calor la gente incluso se baña – hoy la calefacción estaba a tope, pero nadie se atrevió a meter los pies dentro del agua clara de la fuente). Muy aconsejable.

Españoles en Roma

Antes de que estos españoles (es decir «nosotros») llegaran a Roma hubo muchos otros que pasaron por esta ciudad. De hecho, el año pasado, hablando con la canciller del consulado, me dijo que había nada menos que seis mil españoles inscritos como residentes y que pensaban que había otros seis mil sin inscribir (estudiantes erasmus, trabajadores temporales, viajeros). Hay gente que viene y triunfa, gente que pasa por aquí y gente que llega, se asusta y se va. De todo hay en la viña romana. Y es que Roma tiene tanto de invivible como de maravillosa. Es una ciudad espléndida, bellísima, pero en ningún caso fácil.
Pero vamos a lo nuestro, y es que antes incluso de que aquel país existiese como tal, hubo cuatro emperadores romanos de origen hispano: Nerva (que gobernó durante un par de años), Trajano (la columna del mismo nombre recuerda su buen hacer como gobernante durante casi veinte años), Adriano (que construyó el Castello di Sant’Angelo) y Teodosio el Grande (que convirtió el cristianismo en la religión oficial). Pero vamos, que todos ellos de españoles no tenían nada, eran romanos de pura cepa…
Como también fueron romanos, aunque nacidos en Hispania (que no en España), Séneca o Marcial o el primero de los tres Papas «españoles», Dámaso I, que parece ser que nació en lo que hoy es Galicia en el S.IV y que mandó construir la primera Basílica de San Lorenzo Extramuros.

 

Los otros dos Papas nacieron en el Reino de Aragón: Calixto III nació como Alfons de Borja en Játiva (Valencia) y vivió entre el S.XIV y S.XV y Alejandro VI, que era sobrino del anterior, también nació en Játiva y se llamaba en realidad Rodrigo de Borja, aunque es más conocido como cabeza de la familia Borgia, que marcó una época llena de intrigas y poder, pero que también hizo mucho por el arte, protegiendo entre otros a Miguel Ángel o a Rafael.
Pero como no es de extrañar, estos Papas no fueron los únicos que en el ámbito religioso pasaron por Roma para quedarse. Ignacio de Loyola llegó en 1539, consiguió que el Papa firmara la bula fundacional de la Compañía de Jesús y se quedó aquí hasta su muerte en 1556, abanderando la Contrarreforma; Francisco de Borja, biznieto de Alejandro VI (sí, esas cosas pasaban en aquellos años), fue posteriormente santificado y se hizo cargo durante algunos años de la Compañía de Jesús; a José de Calasanz, natural de Peralta de la Sal (Huesca), también le hicieron después Santo, pero antes, en 1597 creó en el Trastevere la primera escuela pública gratuita, la Escuela Pía.
Precisamente la misma casa en la que vivió San Ignacio de Loyola, en la vía Montserrato 20, fue la que acogió a Rafael Alberti y a María Teresa León cuando llegaron a Roma en 1963 en el periplo de un largo exilio. Ellos son un ejemplo, pero hay muchos más escritores españoles que eligieron Roma para huir, como María Zambrano o Ramón Gaya, en el contexto del fin de la guerra civil, y mucho antes, también Cervantes, tras matar a un hombre, llegó a Roma para huir de la justicia, y aquí estuvo sirviendo a un cardenal, antes de embarcarse a luchar contra los turcos. Pero el exilio no es sólo cosa de artistas, pues incluso un rey, Alfonso XIII, vivió y murió en esta ciudad, donde también nació otro, Juan Carlos I.
Pero no todos terminaron en Roma obligados por las circunstancias políticas, pues algunos llegaron por el trabajo y el arte, como Ramón María del Valle Inclán que fue director de la Academia de España en Roma entre 1933 y 1935. Academia donde por cierto estuvieron después grandes artistas como Sorolla, Rafael Moneo o Javier Reverte. Sin olvidar tantos otros (tal vez vosotros) que pasaron por aquí como turistas y que luego escribieron sobre su experiencia. Y es que por todos es bien sabido que, independientemente de las circunstancias…¡todos los caminos conducen siempre a ROMA!